¿Somos demasiado limpios? Los beneficios de microbios y parásitos

“Cuando intentamos aislar cualquier cosa, nos damos cuenta  de que está de alguna manera unida al resto del universo” .- John Muir

Vivimos en una sociedad obsesionada con la limpieza. Asociamos esterilización con salud y bacterias o parásitos con enfermedad.

Hasta cierto punto es lógico. El importante aumento de la esperanza de vida durante el siglo XX no se debe a la lucha contra el cáncer ni enfermedades cardiovasculares, sino al control de las enfermedades infecciosas, que acababan con buena parte de la población, especialmente en la infancia, hasta la invención de las vacunas y antibióticos.

Sin embargo, con cada avance médico, con cada paso hacia la ‘civilización’, suele haber consecuencias no previstas, y quizá hemos llegado a un punto en el que nuestro miedo a los gérmenes está causando más problemas de los que resuelve.

A la vez que disminuye la incidencia de enfermedades infecciosas (sarampión, paperas, hepatitis A, tuberculosis…), aumentan de manera vertiginosa las alergias y las enfermedades autoinmunes.

Hay una correlación claramente inversa entre el nivel de ‘suciedad’ o exposición a gérmenes y la incidencia de estas ‘nuevas’ enfermedades:

  • Los países más ricos tienen entre 20 y 60 veces más casos de asma, rinoconjuntivitis y eczema que los países menos desarrollados (estudio). Entre las tribus ancestrales la incidencia de asma es casi nula (artículo).
  • En el caso de diabetes tipo 1 (enfermedad autoinmune) la diferencia es todavía más impresionante, siendo 400 veces más probable que la sufras si vives en Finlandia (país especialmente desarrollado) que en China o Venezuela (estudio).
  • La incidencia de asma y alergia al polen en la Alemania occidental era mucho mayor que en la Alemania oriental, antes de la reunificación (estudio), a pesar de (o debido a) que Alemania occidental tenía condiciones higiénicas mucho mejores.
  • Los casos de esclerosis múltiple disminuyeron en Buenos Aires tras el corralito financiero de 2001, momento en el que aumentó terriblemente la suciedad en las calles (estudio).
  • Vivir en el campo, más cerca de animales y polen, protege contra asma y alergias(estudioestudio), al parecer por la gran cantidad de endotoxinas en estos entornos naturales.
  • Tener más hermanos (y por tanto más exposición a gérmenes) protege contra la alergia al polen (estudio).
  • El mayor uso de antibióticos en niños está asociado con más incidencia de enfermedad de Chron, colitis, asma y eczema (estudio, estudio).

Algunos en la comunidad Paleo culpan al gluten (y otros alimento modernos) de muchos de estos males, y la enfermedad celíaca es otro ejemplo de desorden autoinmune que ha aumentado de manera importante en las últimas décadas (estudio). Sin embargo, esto no explica por qué estas alergias se han multiplicado en el siglo XX, cuando la incorporación a la dieta de cereales con gluten (como trigo, centeno o cebada) se produjo hace ya varios miles de años. Hay algo más en juego, o en este caso, algo menos.

El resumen es que nuestro sistema inmune evolucionó con parásitos y bacterias, y su casi erradicación en unas pocas generaciones está interfiriendo con su correcto funcionamiento. En el proceso de eliminar algunos enemigos que nos enfermaban, hemos eliminado también muchos amigos que nos ayudaban.

Este concepto, denominado por los expertos como “hipótesis de la higiene“, está produciendo tratamientos novedosos aplicables a estas nuevas enfermedades, para las que la medicina convencional todavía no tiene respuesta.

NO SOMOS INDIVIDUOS, SOMOS ECOSISTEMAS

Solemos vernos como seres separados, y pensamos que la misión de nuestro sistema inmune es eliminar todo lo que no sea nuestro, ‘nosotros contra ellos’. Pero si entiendes cómo estamos realmente diseñados, puede que cambies de opinión.

Las bacterias en tu sistema digestivo pesan una media de 2 kilos, y superan en número a tus propias células por un factor de 1 a 10. El genoma colectivo de estas bacterias es 100 veces mayor que el tuyo propio.

Es decir, más que un individuo, eres un ecosistema, o como dicen los científicos, un superorganismo. Esta comunidad (de la que eres parte) ha vivido en equilibrio durante mucho tiempo.

La coevolución genera codependencia, o dicho de otra manera, nuestro sistema inmunológico (al igual que el resto de nuestro cuerpo) espera ciertos estímulos para funcionar correctamente. Si los eliminamos, se confunde. En cualquier relación de codependencia hay un límite en lo que cada una de las partes puede cambiar sin afectar la relación, y parece que nuestra persecución obsesiva de la pulcritud ha roto este equilibrio, entre nosotros y los seres que nos habitan.

Estos seres incluyen no sólo muchas bacterias digestivas que ya empezamos a ver como favorables, sino muchos mal llamados parásitos, que juegan también un rol importante en nuestra salud, en una relación de mutualismo, donde ambos (huésped y comensal) se benefician.

La coevolución con estos organismos, durante millones de años, moldeó nuestro sistema inmunológico de la misma manera que el oxígeno moldeó nuestro sistema respiratorio o que los alimentos disponibles moldearon nuestro sistema digestivo. Modificar este ecosistema en pocas generaciones ha ocasionado problemas similares a modificar nuestra forma de alimentarnos en el mismo período.

Esta nueva visión representa un cambio de paradigma en el entendimiento de nuestra propia biología, y como siempre, entenderlo requiere darse una vuelta por el pasado.

UN LARGO PASADO JUNTOS

Igual que podemos separar tres grandes eras en la alimentación humana: paleolítico(cazadores-recolectores), neolítico (agricultores) y era post-industrial (actualidad), podemos hablar de diferentes relaciones con el mundo microbiano en cada una de esas grandes épocas (estudio):

PALEOLÍTICO (2,5 MILLONES DE AÑOS)

Vivíamos en pequeños grupos, sin residencia fija. Durante millones de años existió equilibrio entre nosotros y los parásitos y bacterias que nos acompañaban. De hecho fuimos delegando en ellos actividades importantes de nuestro metabolismo, como parte del proceso digestivo o la síntesis de ciertas vitaminas.

Cualquier organismo que resultara letal para el huésped no sobreviviría, y en poblaciones pequeñas de humanos, su especie se extinguiría pronto. Nos necesitaban, y nosotros a ellos, pero a la vez debíamos mantener un cierto nivel de vigilancia para controlar su reproducción. Asegurar este equilibrio de poderes era la función de nuestro sistema inmune.

Muchas de las variantes de genes que hoy se asocian a enfermedades autoinmunes servían como protección ante patógenos en esta época.

NEOLÍTICO (10.000 AÑOS)

Con el avance de la agricultura y la ganadería, convergieron factores que cambiaron nuestra relación con los gérmenes:

  • Convivir con animales hizo que ciertos parásitos y bacterias propias de ellos mutaran y dieran el salto a los humanos. Cada nueva especie domesticada traía su propia colección de patógenos, novedosos para nuestro sistema inmunológico. Por ejemplo el primer caso identificado de tuberculosis se sitúa hace 8.000-9.000 años, poco después del comienzo de la agricultura (estudio).
  • El aumento de la población hizo que los patógenos pudieran permitirse ser mucho más agresivos; no importa si matan a su huésped, siempre que puedan infectar a alguien más antes. Esta fue por tanto la era de las grandes plagas, y en buena parte (como detalla Jared Diamond en ‘Armas, gérmenes y acero‘) contribuyó a que las sociedades europeas dominaran América. Nadie discute que los conquistadores usaron técnicas brutales, pero se estima que más del 90% de la población indígena sucumbió realmente a las enfermedades infecciosas, como la viruela, no al hierro español.

Así como la mayoría de bacterias/parásitos que evolucionaron con nosotros en el paleolítico nos aportan más ventajas que inconvenientes, otros virus más recientes, introducidos tras la domesticación de los animales, probablemente sean más problemáticos.

Este es el motivo por el que algunos especialistas denominan la teoría de la higiene como teoría de los “viejos amigos“, diferenciando los microbios paleolíticos de los que vinieron después.

ERA POST-INDUSTRIAL (200 AÑOS)

Tras la revolución industrial y la pestilencia (y muertes) que ocasionó en las ciudades, vino la revolución sanitaria, con medidas de higiene y la invención de los antibióticos y las vacunas. El control de las enfermedades infecciosas redujo especialmente la mortalidad infantil y aumentó en casi 40 años la esperanza media de vida.

Pero esta historia con final feliz oculta un lado oscuro desconocido por los expertos hasta hace poco.

A medida que se extiende la obsesión por la limpieza y la esterilización absoluta, aumentan de forma dramática las alergias y enfermedades autoinmunes. Algunos culpan a nuevos químicos de la epidemia de alergias, como el triclosán, presente en muchos productos de limpieza, o el Bisfenol A de los plásticos (estudioestudios), y en parte es correcto, pero probablemente su daño viene por la destrucción de microbios necesarios.

La presencia de infecciones y parásitos durante nuestra evolución ha tenido más efecto sobre nuestro genoma que la alimentación y el clima (estudio), y eliminarlos en tan poco tiempo ha traído consecuencias que todavía estamos empezando a entender.

NUEVO CONOCIMIENTO, NUEVOS TRATAMIENTOS 

Obviamente la idea no es perder todo lo ganado en la lucha contra las enfermedades infecciosas, sino seguir mejorando, mirando como siempre al pasado para usar la naturaleza como modelo. En este contexto, muchos expertos se han planteado la siguiente incógnita:

Si la ausencia de ciertos (mal llamados) patógenos causa un problema ¿es posible que su introducción controlada sea la solución?

La respuesta parece ser afirmativa, y hace más de 40 años que se obtuvieron los primeros resultados en ratones (estudio), donde infecciones leves con malaria reducían los síntomas de la artritis reumatoide (enfermedad inflamatoria autoinmune).

Se están realizando muchos tratamientos actualmente en humanos, con resultados positivos, pero todavía en fase experimental:

  • Leve infección con Calmette-Guerin (relacionado con la tuberculosis) para mejorar la esclerosis múltiple (estudio).
  • Introducción de parásitos intestinales para curar el síndrome de cólon irritable o colitis (estudioestudio, estudio) , también causado aparentemente por la falta de exposición temprana a estos parásitos (estudio, estudio).
  • Uso del gusano N.americanus para tratar el asma y diferentes alergias (estudio, estudioestudio), así como la enfermedad celíaca (estudio).
  • Trasplantes fecales. Sí, tal como suena :O. Esto permite regenerar la flora intestinal de personas con diferentes problemas de salud a partir de una pequeña colonia bacteriana tomada de una persona saludable (estudio, artículo).
  • Introducción del parásito Trichuris suis para revertir síntomas del autismo(artículo).

Es probable que en un futuro no muy lejano estas técnicas estén disponibles para el grueso de la población. De momento se está avanzando en identificar qué parásitos, y en qué cantidades, funcionan bien para las diferentes enfermedades. Aquellos con los que compartimos una historia evolutiva más larga son especialmente benignos, pero incluso nuestros ‘viejos amigos’ pueden responder de manera impredecible en una flora intestinal alterada por la era moderna.

Son terapias prometedoras para enfermedades terribles, y aunque estamos lejos de que se puedan aplicar de manera masiva, hay cosas más sencillas que podemos hacer para prevenir, incluso revertir, algunas de estas enfermedades.

¿QUÉ PODEMOS HACER HOY?

Como es habitual, la prevención es la mejor estrategia. En el momento previo al nacimiento, tenemos pocas bacterias. Es durante el nacimiento, al entrar en contacto con las bacterias del conducto natal, que empieza la gran colonización. Desde este momento, y durante los primeros años de vida, se moldea el sistema inmunológico, determinando en buena medida la salud futura.

Algunas recomendaciones para los padres:

  • Parto natural siempre que sea posible, ya que expone al bebé a las bacterias adecuadas, las de su madre.  La creciente adopción de cesáreas está ligada a una mayor incidencia de alergias (estudio).
  • Leche materna en la medida de lo posible. La leche de la madre incluye bacterias beneficiosas para el bebé (artículo) y carbohidratos especiales para alimentarlas, no presentes en la leche de fórmula. Se denominan HMOs (o human milk oligosaccharides) .
  • Al empezar a introducir alimentos sólidos, premastica su comida, que entre sus múltiples beneficios (presentación) incluye la transmisión de los microbios adecuados para configurar su microbiota.
  • Exponlo a ciertos alergénicos tradicionales. Al contrario de lo que muchos expertos recomendaban, parece que una exposición temprana a endotoxinas reduce la probabilidad de desarrollar alergia posteriormente (estudio). Lo mismo ocurre con los alimentos (estudio, estudioartículo). Una vez que eres alérgico sin embargo, la exposición no ayuda.
  • No lo aísles, llévalo a la guardería y a nuevos entornos. Se enfermará más, sin duda, pero esto activará el sistema inmunológico (estudio).
  • Déjale experimentar (hasta cierto punto). Los niños tienen el habito de llevarse todo a la boca, ante el horror de sus padres. Sin embargo, este instinto evolucionó con nosotros porque es útil. Es una forma adicional de ‘educar’ el sistema inmunológico desde pequeño, al igual que otros comportamientos sociales (estudio).

Como resumen, creo que el mensaje es que hay que proteger a los niños todo lo que sea necesario, no todo lo que sea posible. Esto aplica en todos los ámbitos, pero también en el de la limpieza.

Si ya eres mayor, has perdido esa ventana de oportunidad que sólo está abierta los primeros años de vida, pero todavía hay cosas que puedes hacer para mejorar el funcionamiento de tu sistema inmunológico:

  • Toma probióticos, como alimentos fermentados. Hay casos de personas que han logrado revertir múltiples alergias eliminando el gluten e incorporando probióticos y prebióticos. Recuerda que nuestro sistema inmunológico está principalmente en el intestino, y está demostrado que los probióticos, al mejorar la flora intestinal, pueden ser efectivos en la lucha contra alergias y eczema (estudio).
  • Alimenta tu microbiota, con buenos carbohidratos, como almidones resistentes.
  • Minimiza la exposición al gluten.Es conocida la capacidad del gluten de dañar la barrera intestinal (estudioestudio), haciendo que ciertas proteínas ‘inofensivas’ la crucen y derive en alergias. Sin duda esto es más probable si tienes una flora intestinal desajustada.
  • Usa antibióticos sólo cuando sean realmente necesarios, y acompáñalos con probióticos.
  • Escapa de la ciudad de vez en cuando, visita el campo, una granja… retoma el contacto con las bacterias que tu cuerpo espera.

CONCLUSIONES

Como siempre intento transmitir en el Blog, debemos aprovechar los avances modernos, pero manteniendo la conexión con el entorno que esperan nuestros genes.

Obviamente este nuevo entendimiento no invalida la tradicional teoría microbiana de la enfermedad (germen = patología), simplemente la completa. Algunos microbios causan enfermedad, ahora sabemos que la ausencia de otros, también.

El sistema inmunológico espera estímulos, más pronto que tarde, y esos estímulos deben provenir de los mismos organismos que siempre pensamos que debíamos eliminar (microbios y parásitos). Cuando no los recibe, es propenso a reaccionar de manera exagerada posteriormente, produciendo alergias y enfermedades autoinmunes. Al igual que nuestros músculos requieren estrés para no atrofiarse, nuestro sistema inmunológico requiere ciertos ‘desafíos’ para funcionar correctamente.

Necesitamos que los investigadores de alergias hablen con los que estudian enfermedades autoinmunes, y que ambos hablen con los científicos que estudian la evolución humana. Encontraremos muchas respuestas en las intersecciones de estas ciencias (y otras).

Los microbios llevan en la tierra miles de millones de años más que nosotros. En vez de intentar exterminarlos, quizá debamos encontrar la forma de vivir en equilibrio con ellos, tal como espera nuestro cuerpo.

Para más detalle, recomiendo los libros “An Epidemic of Absence” y “Why Dirt is Good“.

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